¡Ansiedad!

Nos vemos esta tarde, en el CCCB.

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Este es el playlist que Miguelito Superstar ha preparado para @laperfidia en el @cececebe de mañana, 22 de julio. 



Unespicified “Festival Song”

Christina Pluhar “Pizzica Ucci”

Richard Strauss “El Danubio Azul”

Emil Hot Five “Loca Por El Hot”

Xavier Cugat “Mambo at the Waldorf”

Carmen Miranda “Chica Chica Boom Chic”

Hermanas Serrano “Ting Tung” 

Antonio Machín “Como mi novia ni hablar”

Pello el Afrokán “Toque la Conga (Método)”

Rubén Blades “Pedro Navaja”

Sister Nancy “Bam Bam”

Gato Perez “Tiene Sabor”

Red Prysock “Hand Clappin”

The Country Fiddlers w/ Wade Ray “Back Up And Push”

Sam Cooke “The Twist”

Wilson Picket “Land of 1000 dances”

Chic “Good Times”

Sugarhill Gang “Rapper’s Delight”

Afrika Baambata “Planet Rock”

The Clash “Mustapha Dance”

Gary Glitter “Rock And Roll (Part 2)”

Gay Cat Park “I’m a Vocoder”

Ralphi Rosario “Strings Of Life”

Greenskeepers “Bang In Your Face” 



“Para mí la música de baile del siglo pasado emana de tres grandes tradiciones: la tradición africana o ritual, la tradición folklórica o popular y la tradición de salón o clásica. Toda la música de baile de este siglo y el pasado (que es de la que puedo hablar con un mínimo conocimiento de causa) es una mezcla en diferentes proporciones de dos o más de esas tradiciones. Por esa razón he empezado la selección con una pieza ritual africana, una tarantela (para el caso podría haber sido una jota) y un vals (lo sé, el vals más obvio del mundo, no sé nada de música clásica…), canciones que ejemplifican cada una de esas tradiciones. A partir de ahí el resto de la selección es un paseo aproximadamente cronológico por las músicas que la gente ha bailado y todavia hoy baila”.



Palabra de Miguelito Superstar. Amén. 

Brillante vídeo del ensayo de La Gran Orquesta del Barrio Chino interpretando magistralmente Perfidia.

Lágrimas en lo ojos de emoción. 

Será un gran concierto. 

La Gran Orquesta del Barrio Chino en pleno ensayo.

Este viernes, 22 de julio, a partir de las 20.30h estarán tocando en el CCCB en el marco del ciclo BCN Mp7. Músiques en procés. La perfidia de tu amor.

Xavier Cugat - Peanut vendor (aka El Manisero)

Esta fantástica canción de Cugat nos la propone Cath Lop en el Facebook de ‘La perfidia de tu amor’. 

Si quieres proponer tus canciones solo tienes que ir al evento y publicarla. 

La perfidia de mi falta de ritmo

Por Xavier Dalert (periodista)

Hechos muy lamentables nunca sucedidos en El patio andaluz, Barcelona
 Corrían los felices 90, año 10 a.C. (Antes de la Crisis). En otro tiempo, en otra geografía, compartí mi vida con una mujer algo mayor que yo, de nacionalidad colombiana. Fue una historia trabajada entre renuncias y miedos, urdida con la paciencia de un relojero, dicho sea de paso, no muy preciso. Finalmente, las muchas cosas en común, los largos paseos nocturnos, la complicidad y el conocimiento de nuestras propias rarezas y excepciones –quizá el amor no sea más que un alto grado de afinidad- inauguraron el primer capítulo del que debía ser libro de mis desengaños (copiosamente prologado en mi adolescencia. No podía ser de otro modo).Fueron cuatro años de amor ‘in disminuiendo’, en los que una vez, una noche, unos minutos –probablemente unos segundos- habitó una sonrisa plena y perfecta. Fue durante un baile.Carezco de ritmo. Por completo. En cierta ocasión, confundieron uno de mis conatos de baile con un ataque de epilepsia.Ella, a la que llamaremos… Dejémoslo en ella, como buena colombiana –el tópico es el tópico es el tópico- llevaba el ritmo en las caderas. Y yo, en mis pálidos cachetes posteriores. Pero aquella noche –aquel minuto, aquellos segundos-, me lancé al baile. La culpa no fue del cha-cha-chá. Más bien, fue del pa-cha-rán. Y allí que me lancé: pie derecho adelante, pie derecho al lado, pie derecho al centro, pie izquierdo adelante, pie izquierdo al lado, pie izquierdo al centro. Con gesto convencido. Rozando su cintura con mis dedos, palma sobre palma las manos, mientras ella sonreía.¿El resultado? Que al cabo de poco –pie derecho, pie izquierdo- me torcí un tobillo.No obstante, aquello generó una expectativa. Y durante años, ella quiso que fuéramos a bailar a El patio andaluz, en Barcelona ¿Por qué? Porque siendo yo español –el tópico es el tópico es el tópico- debía de llevar el duende y el quejío en las venas, aventuraba. (Y esa es una mentira que suele cuajar. Seguramente Inka, una mujer nórdica que completó un Erasmus en Barcelona, aún recuerda el fuego latino de aquel español moreno, tan mediterráneo, que la llevó a bailar tantas noches. El problema es que el fogoso latino se llama Jaume, y es de Sabadell. Aunque, claro, ella se llama Inka, y es de Uppsala…)Pasaron los años, y oculto tras la perfidia de mi falta de ritmo, siempre aduje un inconveniente para evitar la visita a El patio andaluz. Pasaron los años, decía, y ella se hartó. Tras dolorosa conversación, nos devolvimos los regalos –ella quiso algo más que el rosario de su madre-. Le pregunté por qué. Por qué. Por qué. “Porque no sabes bailar”, replicó.Al cabo –al muy poco cabo, por cierto-, encontró a otro hombre. Que sí sabía bailar. Hoy, son pareja estable y padres de dos niños.Y yo –la perfidia me persigue-, tras cerrar el primer capítulo del libro de mis desengaños, pude abrir el segundo.Lo peor de todo es que lo abrí, precisamente, en El patio andaluz.Lo que es la vida…

La perfidia de mi falta de ritmo

Por Xavier Dalert (periodista)

Hechos muy lamentables nunca sucedidos en El patio andaluz, Barcelona



Corrían los felices 90, año 10 a.C. (Antes de la Crisis). En otro tiempo, en otra geografía, compartí mi vida con una mujer algo mayor que yo, de nacionalidad colombiana. Fue una historia trabajada entre renuncias y miedos, urdida con la paciencia de un relojero, dicho sea de paso, no muy preciso. Finalmente, las muchas cosas en común, los largos paseos nocturnos, la complicidad y el conocimiento de nuestras propias rarezas y excepciones –quizá el amor no sea más que un alto grado de afinidad- inauguraron el primer capítulo del que debía ser libro de mis desengaños (copiosamente prologado en mi adolescencia. No podía ser de otro modo).Fueron cuatro años de amor ‘in disminuiendo’, en los que una vez, una noche, unos minutos –probablemente unos segundos- habitó una sonrisa plena y perfecta.

Fue durante un baile.Carezco de ritmo. Por completo. En cierta ocasión, confundieron uno de mis conatos de baile con un ataque de epilepsia.Ella, a la que llamaremos… Dejémoslo en ella, como buena colombiana –el tópico es el tópico es el tópico- llevaba el ritmo en las caderas. Y yo, en mis pálidos cachetes posteriores. Pero aquella noche –aquel minuto, aquellos segundos-, me lancé al baile. La culpa no fue del cha-cha-chá. Más bien, fue del pa-cha-rán. Y allí que me lancé: pie derecho adelante, pie derecho al lado, pie derecho al centro, pie izquierdo adelante, pie izquierdo al lado, pie izquierdo al centro. Con gesto convencido.

Rozando su cintura con mis dedos, palma sobre palma las manos, mientras ella sonreía.¿El resultado? Que al cabo de poco –pie derecho, pie izquierdo- me torcí un tobillo.No obstante, aquello generó una expectativa. Y durante años, ella quiso que fuéramos a bailar a El patio andaluz, en Barcelona ¿Por qué? Porque siendo yo español –el tópico es el tópico es el tópico- debía de llevar el duende y el quejío en las venas, aventuraba. (Y esa es una mentira que suele cuajar. Seguramente Inka, una mujer nórdica que completó un Erasmus en Barcelona, aún recuerda el fuego latino de aquel español moreno, tan mediterráneo, que la llevó a bailar tantas noches. El problema es que el fogoso latino se llama Jaume, y es de Sabadell.

Aunque, claro, ella se llama Inka, y es de Uppsala…)Pasaron los años, y oculto tras la perfidia de mi falta de ritmo, siempre aduje un inconveniente para evitar la visita a El patio andaluz. Pasaron los años, decía, y ella se hartó. Tras dolorosa conversación, nos devolvimos los regalos –ella quiso algo más que el rosario de su madre-. Le pregunté por qué. Por qué. Por qué. “Porque no sabes bailar”, replicó.Al cabo –al muy poco cabo, por cierto-, encontró a otro hombre. Que sí sabía bailar. Hoy, son pareja estable y padres de dos niños.Y yo –la perfidia me persigue-, tras cerrar el primer capítulo del libro de mis desengaños, pude abrir el segundo.Lo peor de todo es que lo abrí, precisamente, en El patio andaluz.Lo que es la vida…

Esta es la semana de ‘La perfidia’.

Este viernes, a las 20.30h, en el Centre de CUltura Contemporània de Barcelona (CCCB) se celebra el BCNmp7 ‘Músiques en procés: La perfidia de tu amor’

La Gran Orquesta del Barrio Chino está preparada.

Sisa, Hidalgo, Roca y Fallarás se lo saben todo. 

¡Preparados, listos….!

Con todos ustedes, La Gran Orquesta del Barrio Chino.
El próximo viernes, 22 de julio, estarán tocando en el CCCB.
Los ensayos están dando alegrías y gratas sorpresas. 
Hay muchas ganas ya. 

Con todos ustedes, La Gran Orquesta del Barrio Chino.

El próximo viernes, 22 de julio, estarán tocando en el CCCB.

Los ensayos están dando alegrías y gratas sorpresas. 

Hay muchas ganas ya. 

La historia de Joan y Mónica

Es la historia de un despiste (cómo no hay otra igual).

Una silla. Así empezó todo, con una silla. Estamos en un envelat, y esto es Vallcarca, en una de esas calles empinadas dónde antes solamente había hierbajos, tierra y alguna que otra fuente a la que ir a por agua. Hay una orquesta, un montón de sillas de madera a los lados y guirnaldas de fiesta mayor.

Mónica no es del barrio, Joan se da cuenta al segundo. Aquí se conoce todo el mundo y a una morena así no la olvidas fácilmente. Joan quiere acercarse desde el momento en que la ve, pero no se atreve, ¿cómo hacerlo? Así que va rodeando al grupo de amigas, como si se tratara de un tiovivo, una aparición, o un planeta sobre el que hay que orbitar. Mónica ni ve al estudiante flacucho y alto que pulula, nervioso, pero sus amigas sí. Y los amigos de él también. Todos se mondan.

Al cabo de un rato, cuando ya está lo suficientemente cerca, Mónica se levanta a bailar con otro. Joan, desolado, se sienta. Cuando acaba la canción, ella vuelve, le mira, y frunce el ceño.

-¿Qué haces sentado en mi silla?

Joan tiembla. Es ahora o nunca.

-Se la he robado a la más guapa, mientras espero turno.

Mónica sonríe, complacida.

-Anda, tonto. Sácame a bailar.

El ínclito periodista y escritor barcelonés Miqui Otero (@MiquiOtero) nos propone este brillante tema del portorriqueño y nuyoricano Héctor Lavoe, Emborráchame de amor.  Una canción preciosa, repleta de incertidumbres, como la vida, como el amor.